El general Otón Armas, el canciller Marcel Pitol y el tesorero real Gastón Zote conversaban circunspectos con la primera dama,  Inmaculada Estrella.

–El presidente-rey me ha ordenado hacer trámites ante España para extraditar a Hernán Cortés. Desea cooperar con el presidente de México, que trae pleito casado con el conquistador. Don Andy Mitón Lovy pretende  entregarle la cabeza en bandeja de plata –explicó el canciller.

El tesorero real intervino preocupado:

–Por mi parte le he informado que la comunidad internacional ha decidido dejar de producir petróleo. Todos los países pronto usarán sólo energías limpias no contaminantes. El presidente-rey se ha  empecinado  en construir más refinerías para vender gasolina al mundo.

Al tomar la palabra el general Otón expresó:

–A partir de que decidió gobernar desde los cuarteles militares ha insistido en que le traiga al capo de capos, Junior Federico Macedonio, para tomarse juntos una foto y declarar que la mafia se ha rendido, que los criminales serán amnistiados y vivirán en santa paz.  Que habrá puros abrazos y nada de balazos.

–Oh, no, yo estoy peor. Duerme solo unas horas al día. En las madrugadas  se despierta y dice que anunciará que por decreto en Mek-Landia han desaparecido la pobreza, la inseguridad y la pandemia –expresó entre sollozos la primera dama.

En ese momento entra sonriente el presidente-rey:

–Es bueno encontrarlos juntos. Mañana firmaré el decreto para declarar felices para siempre a todos los habitantes de Mek-Landia.

–¿Cómo va la extradición de Hernán Cortés? –preguntó el presidente-rey dirigiéndose a Marcel Pitol y sin darle oportunidad de contestar, agregó:

–También quiero aquí a Cristóbal Colón y Francisco Pizarro.

La primera dama no soportó más y explotó:

–¡Escúchame Andy Mitón, esos hombres murieron hace 500 años! Te lo he repetido mil veces.

Sin tomarla en cuenta el presidente-rey habló de nuevo:

–¿Cuántos niños regresaron esta semana a clases presenciales? Es necesario  arriesgar para avanzar. No importa si me comparen con Herodes, ¡tienen que volver a clases! ¡Sobrevivirán a la pandemia los niños más aptos!, de acuerdo a datos que me proporcionó el ministro de salud, Higinio Mortis-Gatel.

Antes de poder responder alguno de los presentes, el presidente-rey ordenó contundente:

–Mi general Otón, busquen y arresten donde lo encuentren, a ese tal Herodes y de inmediato  lo vinculan a proceso por infanticidio masivo.

Con la secreta esperanza de desviar la plática, el tesorero real se atrevió a comentar:

–Señor, ya no tenemos dinero para las mesadas de adultos mayores, jóvenes y personas desempleadas. Cancelaremos esos programas…

–Es por culpa de los anteriores gobiernos, todo lo hicieron mal y se robaron los bienes de la nación. Nosotros no somos iguales. Fabrica billetes y sanseacabó –le ordenó Andy Mitón Lovy y se retiró.

–Querido Marcel, sugiérele al general Otón poner en marcha el plan secreto –susurró la primera dama.

Marcel Pitol guardó silencio y el comandante del ejército real  intervino nuevamente:

–Señora, desde hace tiempo ninguna instrucción del presidente-rey ha sido acatada, no se preocupe usted.

Reaccionó Marcel Pitol:

–Fingimos obedecerle. Le ocurre lo que al rey desnudo. No sabe don Andy que desde hace años él no gobierna. El que manda es el ejército. Perdóname, querida Inmaculada, por no habértelo dicho antes, aunque quizás lo intuías.

–Lo hicimos desde que ordenó cancelar el gran aeropuerto, uno de los más modernos del mundo, y dispuso construir uno pequeño. Millones de turistas hubieran dejado de visitarnos. Ni siquiera se enteró de la desobediencia en lo del aeropuerto –afirmó el tesorero real— y tampoco estamos construyendo nuevas refinerías. Los combustibles fósiles serán obsoletos dentro de unos años. Él se niega a aceptarlo. No podemos quedarnos anclados en el pasado.

–¿Cómo le vas hacer, Marcel, ahora que exige Andy hablar en la ONU para presumir al mundo sus hazañas? –inquirió Inmaculada Estrella.

–Fácil, querida Inmaculada, estamos armando un espectacular escenario en el cuartel militar número uno del ejército real. Oficiales de alta graduación se disfrazarán de presidentes y reyes para asistir a la supuesta asamblea de las Naciones Unidas. Le rendirán honores al presidente-rey de Mek-Landia por haber domado la pandemia, erradicado la pobreza y la inseguridad… y por haber decretado la felicidad eterna de sus súbditos –exclamó satisfecho el canciller.

De pronto irrumpió ansioso, el presidente-rey que había alcanzado a escucharlo  desde una sala contigua:

–No olvides agregar, Marcel, que también logré extraditar a Hernán Cortés, Cristóbal Colón, Francisco Pizarro… y capturar al rey Herodes. ¡He dicho!

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