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Aquel fatídico 2 de octubre

El asesor editorial de la empresa para la cual este escribidor trabaja decidió cambiar el nombre de esta columneja y ni modo, debe acatarse la orden.

Muchos presumen haber participado en los sucesos del 2 de octubre de 1968. Sin embargo, algunos huyeron despavoridos antes de ser alcanzados por las balas de los francotiradores, otros ni siquiera estuvieron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, y hubo quienes sí fueron encerrados y heridos, muertos o encarcelados por protestar contra del gobierno. Se les acusó de alborotadores que pretendían sabotear los juegos olímpicos y de estar manipulados por el comunismo internacional.

La prensa de entonces guardó cómplice silencio y de no haber sido por periodistas extranjeros que vinieron a cubrir la olimpíada, no se habría sabido la magnitud de la masacre que enlutó cientos de hogares.

La escritora y periodista italiana, Oriana Fallaci, la mejor reportera internacional de la época había sido invitada por los estudiantes para presenciar la marcha y escribió:

“En ese momento, un helicóptero apareció sobre la plaza, bajando, bajando. Unos segundos después, lanzó dos luces verdes en medio de la multitud. Yo grité: Muchachos, algo malo va a pasar. Han lanzado luces. Me contestaron: Vamos, usted no está en Vietnam. Yo repliqué: En Vietnam, cuando un helicóptero arroja luces, es porque van a bombardear”.

Y agregó Oriana: “No más de tres segundos después, escuchamos el ruido de carros militares acercándose y estacionándose alrededor de los lados de la plaza. Los soldados saltaron con sus ametralladoras y abrieron fuego. No al aire, como para amedrentar, sino contra la gente. En seguida nos dimos cuenta de que en los tejados había más soldados. Habían estado ocultos. Me helé”.

La periodista europea, continúa su relato:

“Sócrates, el muchacho con micrófono en mano, gritaba: ¡Compañeros, no corran, no se asusten! Es una provocación. Quieren atemorizarnos. ¡No corran!

Oriana Fallaci se refería a Sócrates Campus Lemus, uno de los activistas y líderes más importantes del movimiento estudiantil de 1968 y quien acaba de fallecer, el pasado 23 de septiembre, a unos días del 53 aniversario de la brutal matanza.

Prosigue su relato la escritora:

“Aunque estaba amedrentada por la policía, me fui moviendo centímetro a centímetro, hasta desplazarme como medio metro. Escuché una explosión que me recordó la guerra de Vietnam. Era la ametralladora de un helicóptero. De repente sentí una cosa terrible golpeándome dos veces en pierna y espalda”.

Los soldados la creyeron muerta, la llevaron a la morgue y la apilaron junto a varios cadáveres.

Es uno de los tantos testimonios de estos hechos sangrientos. El gobierno admitió oficialmente menos de 30 muertos. Se afirma que murieron más de 300 jóvenes.

Este emborronador de cuartillas ha preguntado a muchas personas que si saben el porqué de las manifestaciones estudiantiles. Poca gente lo sabe a ciencia cierta.

 Hace años nos encontrábamos algunos amigos en el restaurante la Pérgola de Xalapa y allí estaba también un solitario comensal, Eduardo Valle, el Búho, uno de los principales líderes del 68. Lo abordamos y platicamos con él.

–Se exigía libertad para los presos políticos, derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal (estipulaban el delito de disolución social), la desaparición del cuerpo de granaderos del Distrito Federal, destitución de jefes policíacos, democratización, libertad de expresión y otras demandas –nos reveló el Búho a bote pronto.

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