Este aprendiz de columnista escuchó aterradores comentarios a propósito de las recientes festividades de Todos Santos y Día de Muertos. Amigos lectores, decidan ustedes si son reales o ficticios. Juzguen por sí mismos:

Una señora de unos setenta y tantos años, sale apresuradamente del baño y balbucea excitada a su familia:

–Estaba yo en el baño y se me abrió de golpe la puerta a pesar de estar asegurada por dentro. Me asomé rápido creyendo que había olvidado cerrar bien y que alguien la empujó duro sin saber que estaba ocupado. No había nadie y sentí que los vellos se me erizaron de pavor…

–Oiga, pero usted lee la Biblia y ha dicho en repetidas ocasiones que esas cosas raras no existen, que los muertos no regresan de ultratumba, que son puras patrañas –le responde burlón uno de los parientes jóvenes.

Se queda callada sin disimular su turbación, pálida de miedo. Esto ocurrió la tarde del martes 2 de noviembre en una colonia de la periferia de Xalapa.

Otro caso:

Estaba una familia reunida la tarde-noche del Día de Muertos, viendo un programa de televisión, en la sala. De repente los sobresalta el estruendoso ruido de muchos trastes que caen al suelo en la cocina. Se miran unos a otros y la abuela corre a investigar qué ocurría. Supuso que había entrado un gato u otro animal. No había nadie en la cocina y los trastes estaban intactos, todos en su sitio.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de los presentes. La abuela exclama aparentando tranquilidad:

–Son ánimas en pena que han venido por ser hoy el día de los fieles difuntos. No se espanten, hijos.

Sucedió en algún céntrico lugar de esta capital.

A continuación el tercer raro evento narrado a este reportero:

–Mi marido desapareció hace siete años sin dejar rastro. Denunciamos el hecho en el Ministerio Público y hasta ahora no hemos recibido noticias de él. Anoche, creo que en la madrugada del martes, lo soñé. En el sueño me decía que ya no lo buscáramos más, que sólo había venido a informarme que se encontraba bien. Lo noté tranquilo y sonriente –contó una mujer de 40 años y agregó:

–Supongo que vino a decirme que lo mataron los malos y que ya no sufre, que está con Dios.

El quinto suceso también fue en Xalapa. Es el siguiente:

–En el seno de mi familia cada año instalamos un altar por estas fechas. Igual que siempre, esta vez colocamos ofrendas y todo lo que se acostumbra: flores, tamales, dulces, agua, café, cerveza y tequila para recibir la visita de nuestros difuntos –explicó una joven mujer.

–Pues en la mañana de este miércoles 3 de noviembre descubrí que uno de los tamales estaba caído en el piso, a tres metros del altar. En la casa no hay gatos ni siquiera he visto ratas o ratones.  El departamento es pequeño. Mi perro duerme afuera, en el patio, y nunca entra. No hay modo de que el tamal pudiera haber caído accidentalmente porque todos los alimentos, los tamales incluidos, estaban al centro de la mesa en un plato grande.

La explicación que le encuentro es que vino mi hermano el menor, quien murió el año pasado por el Covid y no pudimos despedirnos de él. Nadie me quita esa idea de la cabeza aunque me digan que estoy loca –declaró la dama entrevistada–, es una señal muy clara.

Este irreverente reportero no sabe qué pensar al respecto y arroja la pelota a los lectores:

–¿Son supersticiones sin fundamento? ¿Inventos de personas ociosas? ¿O realmente ocurrieron estos eventos pero tienen explicación lógica y no son paranormales?

Muchas personas han atestiguado o experimentado sucesos paranormales, pero no se atreven a compartirlos por temor al ridículo.  Quien lo desee puede enviar su testimonio y prometemos guardar su identidad, tal como lo hicimos con los entrevistados. Pidieron que se omitieran sus nombres. Aceptamos el trato y cumplimos.

Este es nuestro correo: yaretzi3322@outlook.com

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