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Arrieros somos…

Hace muchos años, este reportero estuvo en Acayucan, precisamente por estas fechas, en vísperas de la celebración de la feria de  San Martín Obispo, patrono del este sureño y cálido pueblo. En las calles correteaban y bailaban  unos individuos enmascarados, algunos disfrazados de mujer. Jugaban persiguiendo a los chamacos y si los alcanzaban los azotaban con una cuerda o fuete. Portaban una manga o capa de hule y sombrero de palma. A veces montaban un caballo de madera danzando a ritmo de tambor, en medio de la algarabía de los divertidos chiquillos y los adultos que presenciaban desde sus casas el recorrido.

A pregunta expresa, los lugareños nos explicaban a los forasteros –que éramos muchos–, que se trataba de los “arrieros”,  “moros” o “morenos”, tradición ancestral en la región.

Los chamacos cantaban desafiantes:

–Arriero pata peluda, si ves a tu hermana me la saludas.

–Al arriero choto, me lo abrocho…

–Ese arriero calzón de cuero, mete la mano y dame dinero…

Por la tarde-noche las principales calles del centro de la ciudad, se llenaban de carpas de cervecerías y refrescos, donde había venta de alimentos y bebidas. Se instalaban juegos mecánicos y el parque Juárez se atestaba de puestos donde se ofrecía toda clase de mercancías y diversiones, como la famosa bolita, descargas eléctricas, rifas, etcétera.

Era la feria de San Martín Obispo.

En las carpas había música y actuaban artistas  interpretando canciones de moda, mimos y comediantes. Celebraban bailes populares por las noches en la terraza del parque. Miles de familias se divertían hasta tarde muy tarde.

Estas celebraciones de San Martín Obispo se inician el 11 de noviembre y se juntaban en aquellos tiempos con la festividad de San Diego de Alcalá, que organizaba la comunidad oaxaqueña del Istmo de Tehuantepec, que aquí era entonces muy numerosa.  Este año  seguramente serán distintas estas fiestas por la pandemia.

En familia visitamos Acayucan hace unos días y encontramos muchas cosas cambiadas. Ya no es el alegre y amigable pueblo de antaño, ahora es una ciudad media. En aquellos tiempos todas las familias se conocían entre sí.

En estos tiempos de la pandemia, ¿cómo serán estas festividades que comienzan esta semana?

SINOPSIS

En este libro se rompen esquemas y estilos. No hay temas tabúes. Se mezclan y entrelazan política, religión, diversidad sexual,  amor, crimen y justicia.  Protagonistas de carne y hueso, con todas sus miserias, ambiciones y pasiones. El lector se identificará con unos u otros. El odio y la envidia están presentes. También la enfermedad, la vejez y la soledad. La violencia y las venganzas de la segunda mitad del siglo pasado se parecen a las de la época actual. Los relatos aquí plasmados de manera coloquial retratan la cotidianidad de un país que no ha cambiado en el fondo aunque ha evolucionado en las formas. Se han modernizado y sofisticado las técnicas y las ideas.

 Los personajes no son buenos ni malvados, simplemente viven. Accionan y reaccionan de acuerdo a sus circunstancias. Productos de los tiempos. Los ateos no lo son totalmente. Interactúan en esta novela seres con virtudes y defectos. El misterio de la vida y la muerte es tratado con crudeza. También el miedo a lo ignoto. Desde el principio de la humanidad ha habido ejecuciones, traiciones, violaciones, vendettas, corrupción y toda laya de delitos y pecados. Esto no es novedad.

 La disoluta existencia de Ultiminio es la historia de uno y la de muchos de nosotros.

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