No es cuento de terror. La militarización va en serio, es grave y está en marcha. El ejército hizo un aeropuerto internacional que nadie usa, construye un tren Maya que arrasa con selvas y bosques, controlará una Guardia Nacional que en vez de enfrentar a los delincuentes ha recibido órdenes presidenciales de abrazarlos mientras ellos sí pueden desarmar, humillar y hasta asesinar a los soldados.
La Secretaría de la Defensa Nacional realiza obras públicas y ejerce el presupuesto más alto de la historia en México. Si continuamos como hasta ahora, pronto veremos a los militares organizando las elecciones por encima del INE y controlando la educación y la salud.
Imagínense a un pacífico ciudadano caminando en la vía pública que de improviso es interceptado e interrogado por una patrulla militar por parecer sospechoso. En lo que se investiga y aclara su situación, va derechito e incomunicado al cuartel. En los hechos no habría ley que lo protegiera.
La Constitución es violada a cada rato desde la mismísima cumbre del poder.
Nadie criticaría al gobierno sin sufrir las consecuencias. Cárcel o desaparición forzada. Ni el Chapulín Colorado podría defendernos… porque ya se murió.
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha entregado casi todo el control a las fuerzas armadas. Y lo que aún falta. Analícenlo, no es exageración.
Algunos opositores de AMLO sugieren la inminente consumación de un pacífico autogolpe de estado con miras a una eventual dictadura o prolongación del mandato presidencial. Para el caso es lo mismo.
No sabemos qué es peor, si encontrarnos a merced del crimen organizado cobrándonos derechos de piso, extorsionando, levantando y ejecutando gente, o vivir bajo un régimen castrense con todas sus consecuencias. Sería como caer del comal a las brasas.
No hay muchas opciones a la vista.
¿Qué opinan, inteligentes y valientes lectores? ¿Vamos bien o cambiamos?

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