Han transcurrido 22 años desde su deceso y no faltan los nostálgicos que presumen que en estos convulsos tiempos de preeminencia del  crimen organizado él sería pieza clave para recuperar la paz y la seguridad pública como lo logró en Veracruz al erradicar a los principales caciques empezando por Cirilo Vázquez Lagunes en el sur del estado.

En torno al Hombre Leyenda, como lo bautizara Carlos Salinas de Gortari,  han circulado numerosos mitos.

Un amigo me comentó hace años:

–Don Fernando fingió su muerte y actualmente vive en Cuba.

Este rumor lo volví a escuchar más adelante.

¿Por qué rayos simularía su propia muerte? Lo ignoro.

Una noche me habló desde México un amigo siempre bien informado, y me reveló:

–Secuestraron a Fernando Gutiérrez Barrios.

No me proporcionó más datos. Como noticia era oro molido y por más que investigué, ninguna fuente fidedigna me confirmó la versión.

Con todas las reservas, difundí la delicada primicia en la columna política “Glosario del Momento” del Diario de Xalapa. Al día siguiente revisé la prensa estatal y nacional. No se publicó una sola línea del secuestro.

Horas después me llamó por teléfono el propietario del Diario de Xalapa, Mario Vázquez Raña.  Antes de contestar pensé:

–Hasta aquí llegué. Hoy dejo de ser director del periódico.

No me pidió la renuncia. En tono lacónico me instruyó:

–Pepe, ya no publiques nada de Gutiérrez Barrios hasta que yo no lo ordene.

¡Uuuffff, la libré!

Días después, el exgobernador y exsecretario de Gobernación declararía que estaba salvo y sano en su domicilio, negando tácitamente haber sido plagiado.

Hace años, el periodista Edgar Hernández, excolaborador y amigo de Gutiérrez Barrios, confirmó en su columna, que sí fue secuestrado.

En  octubre del 2000 lo visité en su oficina de Ciudad de México. Recién lo  habían elegido senador y Vicente Fox había ganado la presidencia de la república.  El PRI estaba en la lona, igual que hoy.

Le pregunté:

–¿Ahora quién será presidente del PRI?

–Debe ser Roberto Madrazo –respondió contundente.

–¿Por qué no usted? –le dije.

–Pepe, aunque me veo y me siento bien, estoy cansado.

Nos despedimos y me pidió que me comunicara por teléfono el lunes siguiente.

Debía marcarle a las 12 horas del lunes 30 de octubre. A las 10 de la mañana de ese día me enteré por la televisión que Fernando Gutiérrez Barrios había fallecido.

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