A propósito de la reforma electoral propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador, realicé breve sondeo vía telefónica. He aquí preguntas y respuestas:

–¿Qué opinas de reducir el número de consejeros del INE de 11 a 7?

–Está bien.

–¿De la reducción de diputados de 500 a 300?

–Muy bien.

–¿De bajar el número de senadores de 128 a 96?

— Perfecto.

–¿Disminuir el número máximo de regidores a 9?

–Correcto.

–¿De financiar con recursos públicos a partidos sólo en tiempos de elecciones y que únicamente reciban apoyo económico de sus militantes?

–Digno de aplausos.

¿De elegir por voto popular a consejeros del INE y magistrados del Tribunal Electoral Federal?

–Súper bien.

Aquí concluye la encuesta.

Coincido con estas opiniones, excepto con una y ahora digo el porqué:

Si los nuevos consejeros y magistrados electorales son propuestos por los tres poderes de la Unión y elegidos por voto popular, en los hechos, el INE o INEC y el TEPJF no serían autónomos. El control lo tendría el gobierno en turno, como hace 50 años cuando la Secretaría de Gobernación organizaba las elecciones y siempre ganaba el PRI.

Y sugiero que los topes de campaña de candidatos sean parejos, que todos puedan gastar exactamente lo mismo y a  quien se exceda, que se le anule el resultado en caso de ganar, porque algunos candidatos, por lo menos en Veracruz y Xalapa, han llegado a gastar más de 30 o 50 millones de pesos, reconocido sotto voce por ellos mismos, mientras sus contendientes apenas pudieron disponer en sus campañas lo equivalente al 1 o el 2 por ciento de estas estratosféricas cantidades.

Por ello, al asumir el cargo empiezan a saquear el erario para recuperar lo invertido y enriquecerse con dinero mal habido.

Imaginemos una competencia sin ventajas para nadie, donde ningún candidato pudiera gastar más que otro en propaganda. Triunfaría el de las mejores propuestas, quien convenciera a los ciudadanos con ideas viables y creíbles.

Si se aprueba esta  reforma de AMLO, la 4T se entronizará por décadas como el PRI en sus tiempos. Volveríamos al pasado, cuando la gente no votaba porque sabía de antemano qué partido vencería.

Y si se agrega un ingrediente más, el asunto se torna más grave: Ejército y delincuencia organizada respaldan implícitamente al actual régimen. ¡A ver quién es el valiente que se les enfrenta!

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